QUIDAM, POR QUÉ PAGAR TANTO
Para quienes sólo estén habituados a los circos chilenos y mexicanos que pasan por el país ir a Quidam puede ser una experiencia cercana a la revelación de la fe. Todo es mucho más caro, pero desde el comienzo Cirque du Soleil se esfuerza para que el gasto valga la pena.
La carpa está climatizada y de verdad lo está. Eso ya es un punto a favor para los que estamos acostumbrados a las promesas incumplidas. Nadie dice durante la función: “Ah, justo me llega el chiflón”. Increíble, pero la climatización no es sólo mental.
Dinámica. Los circos suelen abusar de nuestra buena onda. Tal vez por falta de artistas o de creatividad hay números que se alargan hasta la eternidad. “Ahora el triple salto de la muerte” “Y ahora el triple salto de la muerte del infierno” “¡¡¡Y finalmente la gran prueba: el triple salto de la muerte del infierno ardiente!!!” Todo esto sin contar el absurdo de que presenten a un par de chilenos negros curiches de la Villa Iberia como “¡Los hermanos Tirinovski de Siberia!”. Bueno, eso no pasa en Quidam, a pesar de que hay artistas de todo el Mundo no pierden el teimpo en presentar ningún número.
Artísticamente el Cirque du Soleil es un tanto pretencioso. Se entiende la idea de llevar la creatividad, la capacidad física y artística a un gran concepto, a una historia que se devela en cada capítulo. Sin embargo esa idea no está bien lograda. Quienes se supone que son los protagonistas tienen poco peso en la historia y si no fuera porque aparecen en el comienzo y el final del espectáculo la continuidad deseada no se consigue. Más allá de eso, la idea ya es suficiente para sentir que hay un trabajo conceptual detrás de tanto talento.
Los niños no se aburren. Puede ser que con las reseñas y pocas imágenes que circulan en televisión se pueda pensar que Quidam aburre a los cabros chicos. Nada que ver, el espectáculo los puede asombrar, asustar, impactar, pero nunca aburrir. Mucho más fome son los circos de los hermanos Fuentes Gasca que copian mal los números que el circo ruso de Moscú presentaba hace 15 años en el Estadio Chile. Excepto por los osos rusos amaestrados que andaban en moto y que se comieron como a 7 payasos mexicanos que intentaron dominarlos.
Payasos que hacen reir. Y lo hacen sin chistes de doble sentido, sin mamones, ni peos falsos. Ocupan la creatividad y el manejo del absurdo. Todos nos reimos, salimos diciendo qué onda los payasos buenos o debería haber un circo sólo con payasos. Al rato nos damos cuenta que el socio que nos hizo reir no dijo una sola palabra, habló tanto como Chaplin y nos divirtió tanto como el británico.
Finalmente una guía: La historia detrás de Quidam es similar a la del Mago de Oz y Alicia en el país de las maravillas. Una niña en pleno paso de la niñez a la adultez escapa de su realidad fría a un mundo imaginario. Suena simple, pero no para un circo, no al menos para los circos que estamos acostumbrados a ver.
