MAMPATO: AYER, MÁS QUE HOY

Tal como lo hace Mampato, leer sus historietas es como ponerse el cinto espacio temporal y retroceder algunas décadas en la sociedad chilena. Hay otro lenguaje, otra familia, otra ciudad, otra mentalidad, otro Chile.

Mampato dice palabras como chancacazo o macanudo. Las dos prácticamente extintas -lamentablemente- del vocabulario nacional.   La familia tiene a un padre proveedor, la autoridad del hogar y una madre dueña de casa, de las que cocinan, hacen el aseo y dejan listo el uniforme para su hijo la noche anterior, siempre con el delantal puesto.

En la ciudad prácticamente no hay edificios, sólo casas, pequeñas, con un poco de antejardín. Pocos autos en las calles, más vida de barrio y también más independencia de los niños que no tenían miedo de salir a jugar un rato a la plaza del lugar.

Pero la diferencia más fuerte tiene relación con la forma en que se resuelven los conflictos en la historieta. Si bien es cierto que Mampato ocupa su inteligencia para resolver problemas, en estos dibujos la violencia está legitimada. Durante un capítulo Mampato reta al hijo de Ogú y aprovecha de pegarle un par de palmazos. La razón para hacerlo es probablemente la que le daba su padre y todos los padres de esa época: “Esto es por tu bien”.

En ningún momento Mampato se arrepiente de haber golpeado al pequeño Agú, al contrario, él representa el deber ser en la historieta y sus actos van en línea con el pensamiento de la época: el castigo físico se justifica, esta es la forma de enderezar el curso de quien se ha desviado.

En el mismo número Mampato incendia una aldea para rescatar a sus amigos de la esclavitud. En ningún momento hay diálogo, no se buscan alternativas para salir del problema y prácticamente no hay diferencias entre el comportamiento de un cavernícola y un niño educado, inteligente y agrandado.

Hoy sería absolutamente inviable un proyecto de estas características. Más todavía cuando al leer Mampato uno se da cuenta que los mensajes y enseñanzas son explícitos, se verbalizan y en ocasiones incluso entran en contradicción con los propios actos de sus protagonistas. Hoy los niños leen cuentos que están un paso o varios más adelante, historias más complejas donde los mensajes se entienden en el comportamiento, en las decisiones que se toman. Los niños hoy leen historias donde se les permite dudar, donde pueden fallar, donde no tienen que ser perfectos.

Al leer la revista pasa algo parecido a ver El Chavo del 8 con los hijos. El Chavo le pega a Kiko, Kiko le pega al Señor Barriga, el Señor Barriga le grita a Don Ramón y Don Ramón recibe la feroz cachetada de Doña Florinda. Todo muy chistoso y al mismo tiempo muy difícil de explicar. Igual que con Mampato no queda otra que decir: Así eran las cosas algunos años atrás.

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~ por ojodegenio en julio 7, 2010.

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